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Yo fui bueno, no lo dudes; yo viví con la nobleza
que tenía en el alma desde el día en que nací;
buen amigo para todos, puse el pan de mi pobreza
y entre gente vana y necia con altura procedí.
A mi lado tuve muchos amigotes sin conciencia,
que sabían mi nobleza y me hicieron mucho mal;
al perderles mis afectos, he ganado la experiencia
que hoy me hace ver la vida a través de su cristal.

Yo soñé con una novia... una tarde de verano,
bajo el cielo de mi barrio, linda y buena la encontré;
mi alegría por su encanto se imprimió en su blanca mano
y su nombre por las calles en silencio pronuncié.
Pero dueña de un capricho, malogró el carácter mío;
fui como un vulgar juguete arrastrándome a sus pies;
¡un autómata viviente!... y aún siento su desvío...
¡te lo dice claramente el estado en que me ves!

Me invitás a divertirme, y te estoy agradecido;
seré débil, un cobarde que la suerte lo venció,
al quedarme en esta esquina todo el día hecho un perdido,
¡entre todo este elemento de insensibles como yo!
Yo también tuve veinte años de ideales y alegría,
que cayeron al empuje invisible del azar;
¡no me queda ni siquiera esa loca fantasía
que me haga creer que un día mi destino ha de cambiar!


Autor(es): Eduardo Moreno, Ernesto Famá